Postales Olvidadas

ADRA
CAPITULO 4 | Brasil

Códigos de hormigón

Brasil late desde adentro; en el interior selvático, como también en los pasillos laberínticos de las favelas. ¿Entró usted alguna vez allí? ¿conoce los códigos del hormigón? ¿será que un joven puede escapar a la presión brutal de su favela cuando ésta le dice «Estás con nosotros o en contra nuestra»?





Dos frases definen la entrada a Heliópolis: «Quien no lucha, está muerto». / «Estás con nosotros o en contra nuestra».

Punto.

Las dos frases fueron grafiteadas con determinación y ese decisivo punto final. La segunda incluso aparece en las camisetas de fútbol de la comunidad, y el punto también está; es categórico, en Heliópolis solo hay dos posibilidades: a favor o en contra. Igor, de dieciséis años, lo sabe y se levanta de madrugada para luchar, a su modo; y su modo se respeta: su esfuerzo es tan contundente como ejemplar.

Heliópolis es la segunda favela más grande de Sudamérica, toda una ciudad dentro de São Paulo: muchísimos más que los doscientos veinte mil habitantes que le calcularon tiempo atrás; pero ahora ya no es favela, sino comunidad. Los acuñadores de términos propusieron reemplazar la palabra para bajar la carga peyorativa que se le había pegado (al igual que a villa, chabola, tugurio, cantegril y demás slums latinoamericanos). «Se está invirtiendo en orden público y en procesos de urbanización, ya no son favelas sino comunidades», defendían los funcionarios. Pero São Paulo continúa centrifugando su propia población; Heliópolis lo atestigua: es la favela más grande de la ciudad más grande del país más grande de Sudamérica. Y tanta grandeza cabe en una sola comunidad.

Igor se levanta a las cinco y monedas, se alista, desayuna esperando a Luís —su hermanito de ocho años—, y salen juntos a esperar el 493 destino São Caetano. Se debaten entre el sueño y espabilar hasta que, minutos después, suben dos compañeros y activan una charla que se prolonga hasta la escuela. Vivir en una favela y estudiar fuera de ella produce admiración entre estudiantes o puede suscitar la excusa ideal para el hostigamiento. El temor, la estima y el respeto se funden creciendo discrepantes en los intervalos —el recreo—, donde los vientos de sarcasmos y bromas agitan mares de emociones y hormonas: Igor surfea en aguas profundas de adolescencia.

Dice que le gustan las matemáticas; le cuesta nombrar otra materia. Quizá física, química, pero matemática seguro. Después del timbre final, busca a Luís y lo lleva de regreso a casa para que almuerce, él sigue viaje: dos horas más en el nocivo tráfico paulista. En el ómnibus completa tareas del colegio. A esa hora pasan dos o tres transportes seguidos, lo tiene estudiado: sabe qué línea y cual combinación es la adecuada para encontrar algún asiento libre al fondo, donde prefiere ubicarse para leer o hacer cuentas, mejor si es lo segundo. Parece programado: cuarenta y cinco minutos después, desciende y camina sin inmutarse hacia el metro; se pone los auriculares y se confunde entre miles de personas que hormiguean las terminales subterráneas; baja, sube y ómnibus nuevamente para llegar a la estación más cercana de las oficinas en las que trabaja y recibe tutela, luego de participar en un programa de capacitación implementado por ADRA Brasil.

La oportunidad laboral no solo le permite aprender a organizar y costear sus gastos personales, sino también colaborar en su propio hogar. En un entorno complejo, donde los golpes llegan con la dureza del hormigón y los caminos se cierran con más facilidad, Igor avanza con resolución, compromiso y lucidez.

São Paulo es la ciudad lusófona más poblada e importante del mundo en términos demográficos, culturales y económicos. Es el centro financiero de un Brasil donde cuatro de diez pequeños viven en casas con bajos ingresos y hay una población de casi seis millones —seis millones de niños— en situación de extrema pobreza. Paraguay tiene la misma cantidad de habitantes: todo un país. En estos contextos se exacerban vulnerabilidades y quedan reducidas las posibilidades, limitadas. En favelas como Heliópolis surgen códigos definidos para moverse, hablar, comprar, vestir, preguntar: vivir. Lo llaman disciplina y hay disciplinadores; hay que pedir permiso o actuar muy bien como si se lo tuviera. En lo posible, es mejor no ser periodista —jornalista—, o serlo a favor de Heliópolis y pronunciarlo a diestra y siniestra; aunque esto último también puede despertar sospechas. La bronca contra grandes medios viene de largo rato, me dice un muchacho que estrena sus primeros pelos en la barba: «nos pegan y nos muestran como si fuéramos diablos. Y está claro porqué: es más fácil echarle la culpa al pobre». Es tarde, domingo. Igor mira callado, camina sin apurarse entre vielas —los pasillos laberínticos—, con cautela. Se sienta a esperar no sé muy bien qué y al instante un gato baja en parkour desde los techos de chapa, para restregarse contra él como si lo conociera. Se quedan los dos ahí, sin articular sonido: Igor lo acaricia, el gato no maúlla. Detrás de las rejas oxidadas de una ventana pequeña, una anciana se peina mirando en silencio la escena. Es una ceremonia que no lograré entender: las favelas están repletas de códigos que sólo es posible descifrar si se vive en ellas.

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Núcleos de ADRA Brasil
En Brasil, 17,3 millones de niños (el equivalente al 40,2% de la población brasileña en esa franja etaria) viven en domicilios con bajos ingresos. Otros 5,8 millones sobreviven en situación de extrema pobreza. Las vulnerabilidades que rodean la infancia y la adolescencia en el país son alarmantes. En este contexto, ADRA Brasil con el apoyo de personas particulares, empresas y el gobierno, creó los Núcleos de Desarrollo: unidades físicas donde se realizan actividades y talleres que se ofrecen a los niños y adolescentes con bajos ingresos. De carácter preventivo, accionan en defensa de los derechos y el desarrollo individual de las capacidades y potencialidades de las personas. En los Núcleos se ofrecen cursos libres y talleres culturales, deportivos, de inclusión laboral y digital, además de brindar alimentación.
Igor asistió al Núcleo ADRA Vila Clara, en el que se desarrolla el programa «Talentos en Misión», donde adolescentes y jóvenes de la región periférica de la capital paulista aprenden panadería, artesanía, rutinas de oficina e informática, con el objetivo de recibir la capacitación adecuada para el inicio de una carrera en el mercado de trabajo.




Créditos

Idea y realización:  ADRA Sudamérica
Dirección ejecutiva:  Paulo Lópes  |  ADRA Sudamérica
Realización audiovisual:  Bruno Grappa & Migue Roth  |  Angular
Asistencia ejecutiva:  Silvia Tapia Bullón y Juninha Barboza
Banda sonora y producción musical:  Nacho Alberti, Pablo Palumbo & Emanuel Zúñiga Vincent (Grabado y masterizado en DEMO Estudio de grabación)
Fotoperiodismo:  Migue Roth & Bruno Grappa |  Angular
Locución: (español) Javier López Ortega  /  (Portugués) Robson Rocha
Traducciones:  Adriana Oudri, Arlete Vicente e Beatriz Ozorio | IASD DSA
Web Design:  Lean Perrone
Crónicas: Migue Roth | Angular

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